info@veratya.com | +34 914 320 779
28
ENE
2026

“De la inmediatez a la reflexión, el regreso a la cordura”

La inmediatez, habitualmente, surgida de la irreflexión, nos sitúa al borde de la precipitación. Etimológicamente, reflexión, del latín reflectere, significa «doblar o inclinar hacia atrás», en referencia a la acción de la mente que vuelve sobre sus propios pensamientos, analizando una idea o experiencia con detenimiento. La reflexión requiere destinar todo el tiempo necesario para el análisis desde la más exigente introspección.

Madrid 28 de enero de 2026

De forma inducida o autoimpuesta, la inmediatez ha tomado al asalto nuestra cotidianidad. Hay que responder ya, toma una decisión, no hay tiempo, se nos adelantan…. Cuántas decisiones erróneas de consecuencias más o menos graves provienen de la precipitación. En una sociedad donde la forma predomina sobre el fondo y la superficialidad obstaculiza la evolución anímica de los individuos y sus colectivos, la reflexión se convierte en un acto de desobediencia debida frente a tendencias aberrantes que deterioran las libertades individuales.

 

Inmediatez, sobrevalorada y perniciosa.

En el ámbito de la comunicación y por las dinámicas de inmediatez impuestas desde las redes y medios sociales, se impone la transmisión de hechos en tiempo real, asumiendo el riesgo de que la falta de verificación derive en tergiversación y esta, en desinformación; dolosa (con intención de causar daño) o culposa (por negligencia, impericia o imprudencia). Habitualmente, recibimos informaciones o noticias que corren como un reguero de pólvora. A su paso generan todo tipo de incendios entre las crédulas audiencias, adictas a cualquier información que alivie su vacío y mitigue sus temores, a menudo, infundados y estratégicamente inoculados. Quiero llamar la atención sobre la diferencia entre “información” (datos, hechos o conocimientos generales) y “noticia” (información seleccionada, estructurada y divulgada sobre un hecho relevante y novedoso). La noticia convierte la información en un relato periodístico objetivo.

«La desinformación generan todo tipo de incendios entre las crédulas audiencias, adictas a cualquier información que alivie su vacío y mitigue sus temores, a menudo, infundados y estratégicamente inoculados».

La información sin verificación y con el objetivo de dirigir la opinión, es decir, de manipular, suele fundamentarse en el axioma “el fin justifica los medios”. Aunque esta frase suele atribuirse a Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527), la expresión exacta es del teólogo alemán Hermann Busenbaum (1600 – 1668) en su obra “Medulla theologiae moralis”. Maquiavelo, en su obra “El Principe”, argumenta que “un príncipe debe estar dispuesto a actuar de manera poco virtuosa si es necesario para mantener la seguridad y el Estado”. Esta concepción supremacista del poder nos conduce a la peligrosa conclusión de que los medios a emplear no importan, con tal de alcanzar el objetivo. Hacer lo necesario para alcanzar un fin es legítimo cuando este es conforme a la legalidad, se ajusta a un sistema normativo o es considerado justo y adecuado por la sociedad.

 

Lectura transversal o leer en diagonal.

¿Alguna vez te has esforzado en escribir un texto claro y bien estructurado, con el fin de facilitar al destinatario del mensaje la mayor comprensión posible y parece no haber entendido nada? No te preocupes, no es que te hayas expresado incorrectamente, es que el destinatario de tu mensaje lo ha “leído en diagonal”, es decir, que no lo ha leído, tan solo lo ha ojeado. De esta manera es inviable la comprensión lectora, la capacidad de entender lo que se lee. Ya sea por desinterés, por no disponer de tiempo o por malos hábitos de lectura, eso que se ha dado en llamar lectura transversal o en diagonal, distorsiona gravemente la comunicación y las relaciones entre el emisor y el receptor del mensaje.

«Cuando una persona transmite un mensaje a otra, verbalmente o por escrito dentro de una relación personal o profesional, lo mínimo que se merece es nuestra atención».

Cuando una persona transmite un mensaje a otra, verbalmente o por escrito dentro de una relación personal o profesional, lo mínimo que se merece es nuestra atención. La comprensión lectora es la combinación de habilidades técnicas y cognitivas, destacando la decodificación fluida, un vocabulario amplio, la activación de conocimientos y la estructuración de las ideas. Actualmente, no es fácil encontrar personas con tales habilidades, debido al deterioro que sufre nuestro importantísimo idioma, el español, usado por más de 600 millones de hispanohablantes en el mundo. A todo ello hay que añadir la multitarea digital que, lejos de ser una ventaja, fragmenta la atención y disminuye nuestra capacidad para enfocarnos en tareas específicas y comprender adecuadamente el contenido de la lectura.

«La multitarea digital fragmenta la atención y disminuye nuestra capacidad para enfocarnos en tareas específicas y comprender adecuadamente el contenido de la lectura».

No prestar suficiente atención a quiénes se comunican con nosotros, lo que suele quedar claro ante la falta de respuesta o con una contestación incongruente, es una falta de respeto tan intolerable como habitual. Si tus interlocutores no tienen tiempo de leer con suficiente atención y respeto lo que les comunicas, quizás no les intereses, ni tú, ni lo que tienes que decirles. Nadie tiene tiempo para lo que no le interesa. En cualquier caso, toma nota y actúa en consecuencia. La atención, como el cariño o el respeto, no se ruega. Cuando no eres prioritario has de asumirlo y obrar en consecuencia. Los seres humanos priorizamos, es una cuestión de supervivencia.

 

Aceptación social.

La aceptación social implica que una norma, autoridad o acto es aceptado, reconocido como válido y respetable sin ser impuesto desde ámbitos de poder. Por supuesto, cuando hablamos de legalidad y normativas, si estas son impuestas desde sistemas autocráticos o dictatoriales y no cuentan con el libre consentimiento de los ciudadanos, no hay aceptación voluntaria, por tanto, tampoco legitimidad.

«Un autócrata puede llegar al poder a través de un proceso electoral para vampirizar y desmantelar la democracia, una vez alcanzado el poder».

Hay Gobiernos revestidos de legitimidad, profundamente ilegítimos. En ocasiones, el hábito no hace al monje, tan solo disfraza al impostor. Es importante destacar que todas las dictaduras son autocracias, pero no todas las autocracias son dictaduras. Un autócrata puede llegar al poder a través de un proceso electoral para vampirizar y desmantelar la democracia, una vez alcanzado el poder. La historia y el presente nos ofrecen muchos ejemplos: Adolf Hitler, Kim Jong-un, Vladimir Putin, Daniel Ortega y tantos otros que se han apoderado de sus países para beneficio propio, permaneciendo enquistados durante décadas.

Los autócratas, suelen ser psicópatas con Trastorno de Personalidad Antisocial (TPA). Predominan entre estos peligrosos dementes los “psicópatas encantadores” que utilizan el carisma y la seducción para manipular y alcanzar aceptación social. Algunos de estos peligrosos gobernantes también son “psicópatas primarios” que muestran una falta total de empatía y remordimiento, no siente ansiedad, son fríos y calculadores. Su estrategia preferida es mostrarse amables. Se disfrazan de demócratas para incrustarse en el poder y decretar leyes que los perpetúen a través del clientelismo en todas sus variantes. Acostumbran a provocar situaciones que generar desánimo, a sembrar el odio para dividir y enfrentar a la población, a “levantar muros” creando así el mejor caldo de cultivo para sus tácticas de manipulación. “A río revuelto, ganancia de autócratas”.

Por su parte, la dictadura es una forma específica de autocracia donde el poder se toma y mantiene por la fuerza, reprimiendo derechos y libertades. Tanto autócratas, como dictadores, fomentan e imponen la “esclavitud ideológica” y el sometimiento a través de las creencias. Hábilmente, con narrativas y valores hegemónicos que limitan el pensamiento crítico, perpetúan desigualdades y estructuras de poder incontrolables por sus embelesados “súbditos ideológicos”.

«Tanto autócratas, como dictadores, fomentan e imponen la “esclavitud ideológica” y el sometimiento a través de las creencias».

Promover inmediatez y falta de reflexión, es una forma de lobotomización social que daña las relaciones interpersonales, fomenta el individualismo y hace prevalecer el ego sobre la humildad, la empatía, la consciencia y la realidad objetiva.

 

Las TIC, precursoras de la hegemonía digital.

El surgimiento y fomento de las tecnologías de la información y la comunicación a finales del XX y la hegemonía social de la digitalización global en el Siglo XXI, plantean grandes retos a una humanidad a punto de ser fagocitada por la Inteligencia artificial y la robotización. Bienvenidos sean estos grandes adelantos, herramientas extremadamente útiles siempre que las pongamos a nuestro servicio, nunca, al contrario.

«Millones de personas circulan por la vida mirando una pantalla que dobla su cuello, somete su voluntad y los aísla del entorno».

Es asombroso observar cómo la historia está plagada de ejemplos en los que los seres humanos ponen en riesgo su propia supervivencia. En las últimas décadas nos estamos superando, es más, es probable que, por fin, nos extingamos como especie y pasemos a ser una subespecie dependiente de nuestra propia insensatez tecnológica. De momento, ya hemos “agachado la cabeza”, solo tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor y observar lo que está pasando desde hace años. Millones de personas circulan por la vida mirando una pantalla que dobla su cuello, somete su voluntad y los aísla del entorno. Los dispositivos digitales se han convertido en una extensión de los seres humanos y viceversa.

 

Inteligencia emocional.

Es el momento de que los seres humanos fomentemos la inteligencia emocional, capacidad que nos permite reconocer y gestionar nuestras propias emociones y las de los demás. El Psicólogo, periodista científico y escritor estadounidense, Daniel Goleman, estableció diversas competencias vinculadas a la inteligencia emocional: autoconocimiento; autorregulación; motivación; empatía y habilidades sociales. Todas ellas pasan por la reflexión, opuesta a la inmediatez y la precipitación.

«Regresemos a la cordura individual y colectiva. Promovamos una vida más sosegada que nos ayude a tomar decisiones personales, profesionales y empresariales basadas en la prudencia».

Regresemos a la cordura individual y colectiva. Promovamos una vida más sosegada que nos ayude a tomar decisiones personales, profesionales y empresariales basadas en la prudencia, no en la locura de la prontitud. Se puede tener una actitud vital basada en el sosiego y la reflexión y ser competitivos, no solo es compatible, también es deseable. Cuanta más paz nos rodea, mejor gestionamos la incertidumbre, adoptando decisiones adecuadas.

Seamos conscientes de la trascendencia que tienen nuestras actitudes y decisiones.

¡Seamos sensatos! “Alea iacta est”

 

Tomás González Caballero

Corporate strategy expert / Branding senior advisor

CEO Veratya Estrategias Corporativas

 

CEU Escuela de negocios:

Director académico y profesor:

“Programa Ejecutivo de Comunicación corporativa y Branding”

“Programa de formación ejecutiva en Marketing y Comunicación para la Industria agroalimentaria»

Profesor: MBA Executive en Dirección y Administración de Empresas

Escuela de Lujo

Profesor: Comunicación corporativa y Branding

Sobre el autor
Profesional y empresario en consultoría de estrategia y operaciones. Articulista y conferenciante, cuenta con más 40 años de experiencia en Investigación de públicos, Comunicación corporativa y Branding. Socio fundador de Veratya Estrategias Corporativas®. Director académico y profesor de Branding en el “Programa Ejecutivo de Comunicación Corporativa y Branding” y profesor de Branding en el “MBA Executive en Dirección y Administración de Empresas”, ambos en CEU Escuela de Negocios C y L.
  1. Antonio de Vicente Reply

    Auténtico ensayo de D. Tomás sobre la oportunidad y la reflexión, que requieren prudencia y discernimiento, lejos de la inmediatez, de los reclamos de parte y de los muchos ruidos sociales y tecnológicos, mayormente interesados.
    Muchas aristas y planos en este artículo de D. Tomás que explican la dificultad de no precipitarse, también, de no llegar tarde.
    Excelente artículo.

    • Tomás González Caballero Reply

      Muchas gracias por su aportación, D. Antonio. En esta época que nos ha tocado vivir, tan disruptiva y acelerada como apasionante, resulta esencial seleccionar las batallas que merecen la pena y afrontarlas con serenidad y visión estratégica. Solo desde la reflexión podemos aislar el ruido mediático y adoptar decisiones correctas para nosotros y nuestro entorno. Y nunca olvidemos que Hay batallas que se ganan con silencio, no con argumentos. Se habla mucho y se piensa poco, lo que degrada considerablemente la convivencia, abocándonos al caos comunicacional en el que los desaprensivos tienden sus redes.
      Una vez más, gracias por su comentario.

  2. Jesús García - Conde Reply

    Leer a Tomás González Caballero sería la pausa más sugestiva y provechosa, si no fuera porque quedar con TGC, suele tener, para mí, el ingrediente de una localización privilegiada, la Plaza Mayor de Valladolid. Allí escribimos nuestras conversaciones en el aire con vino de Rueda.

    A TGC no se le escucha ‘en diagonal’ y como habla como escribe, tampoco se le lee en transversal. Yo no lo he hecho, es imposible y por eso me permito enviarle estos comentarios, sin duda, mejorables, porque desde la oficina, me falta el caldo pucelano para inspirarme.

    Hace tiempo leí a Enrique Rojas estimulando a la conquista de la voluntad, una cita del Fausto de Goethe enfrentándose con la inmediatez dispersante de todo buen propósito. «Detente, instante, eres tan bello», decía el personaje. Ese instante se ha sofisticado desde los tiempos del escritor alemán. La tentación no ha cambiado, ahora es un video en TikTok, un mensaje sin contestar o la curiosidad morbosa de la procedencia del último like. No hay criterio, no hay selección, no hay pausa, todo es para ya. El autocontrol desaparece y por eso tenemos que lamentar que ya no se pueda estar en un bar sin que, en la mesa de al lado, un vecino sin autocontrol ponga su teléfono en manos libres, obligándonos a participar de sus inmediateces. La pausa es autocontrol, el autocontrol madurez y esta se ha perdido en una sociedad infantilizada y vulgar que se cree con muchos derechos y pocas obligaciones.

    Siempre que se me ha brindado la ocasión de distinguir entre autócrata y dictador, la he aprovechado. Autócrata y dictador gobiernan sin el pueblo, pero no son lo mismo. Si el dictador, además de gobernar sin el pueblo lo hace contra él, es un tirano. Y lo es con independencia de la forma en la que haya llegado al poder, sea esta por vía democrática o por imposición guerrera. Tampoco democracia y libertades son lo mismo. En Europa cada vez votamos más y tenemos menos libertades. Por otro lado, el componente denigratorio que conlleva la palabra dictador es reciente. Cuando el profesor de «Corazón, Diario de un niño» describe a sus alumnos italianos al Conde de Cavour como héroe de la Patria italiana, una de las palabras que utiliza para la glosa es que era dictador. Edmundo de Amicis, escribió en 1886 este inolvidable libro.

    TGC conoce de mi afición por la poesía y mi devoción por España. En este momento me vienen a la cabeza unos versos del poeta gaditano Augusto Haupold en los que decía: «hay que esperar, esperar ardientemente con el corazón volcado en la esperanza. Pero qué alegría, la de la espera, si esa espera es por el bien de España».

    Al menos y por su propio bien, querido lector, tómese la pausa y la espera necesaria para leer a Tomás González Caballero.

    • Tomás González Caballero Reply

      Beber la vida a pequeños sorbos conversacionales o literarios, degustados en esas tertulias de café que tanto nos gustan y escasean, es practica esencial que fomenta el pensamiento crítico y la maduración de ideas.

      Vivir con imperturbable serenidad, proporciona a degustamos las mieles del pensamiento y disfrutamos de analizar en profundidad, la posibilidad de emitir diagnósticos y juicios de valor con fundamento. Tal actitud se torna disruptiva en estos tiempos de precipitación, prisas e irreflexión, tan alejados de los que vivieron los costumbristas del Romanticismo español, como Mariano José de Larra, Serafín Estébanez Calderón o Ramón de Mesoneros Romanos.

      Que la Plaza Mayor de Valladolid, regada con vinos de Rueda o de la Ribera del Duero, continúe siendo por muchos años punto de encuentro para tanto talento como seamos capaces de compartir al departir y convivir.

Dejar un comentario

*